A raíz de haber pensado en la posibilidad de recopilar en un libro los juegos que realizo en las clases comencé a preguntarme que cambios las
alumnas y ex alumnas sintieron frente a
las propuestas de juegos en las clases. Me intrigaba saber que sentimientos les
quedaron, que juegos recordaban, porque disfrutaban tanto las clases. Comencé
entonces un trabajo de investigación para localizar viejas alumnas que solían
ser mis alumnitas y ahora son mujeres. Les escribí y les pregunté sobre estos
temas. Me impactó que uno de los juegos que más apareció en sus recuerdos fue
el de LA TIENDA BEDUINA, un juego en donde armamos una carpa con velos y telas,
se disfrazan y con cántaros iban a buscar agua al pozo, bailando y jugando a
ser mujeres del oasis. Por supuesto que es uno de los juegos que más disfruto
también yo. Tengo la suerte de observar como se relacionan las alumnas entres
ellas, como comparten y resuelven como hacer las cosas. Una propone, otras imitan, una se entusiasma con cargar el
agua, algunas se quedan ordenando la carpa, otras juegan a cocinar. Se
distribuyen las tareas y se organizan entre ellas ya que yo solo doy algunas
pautas que tienen que ver con la música que marcará el transcurso del día en la
tienda.
Muchas recuerdan sentirse transportadas a un
mundo de ensueños en esos ratitos de las clases. Y todas agradecen haber
llegado a la danza desde un lugar de amor, compartiendo y disfrutando con las
amigas estos momentos. Muchas siguen
siendo amigas.
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